Declaración de la FIDH y sus organizaciones miembros contra el racismo hacia las personas negras en Estados Unidos y en el resto del mundo

La FIDH y sus organizaciones miembros abajo firmantes reafirmamos nuestro compromiso con la lucha contra los sistemas y estructuras que mantienen y perpetúan las peligrosas ideologías anti negritud en todo el mundo. Instamos a las y los líderes políticos a abordar de manera significativa el racismo estructural y sistémico, incluso mediante el establecimiento de mecanismos de rendición de cuentas, recurso y reparación.

Las movilizaciones populares han sacado a la luz la persistencia en numerosos países de un Estado racista y de violencia sancionada por el Estado. Reconocemos que el racismo contra las personas negras es un fenómeno mundial generalizado con raíces en el colonialismo europeo y en el comercio trasatlántico de esclavos, que las políticas  neoliberales han mantenido y reforzado y compartimos la indignación contra el racismo y la brutalidad policial que ha estallado en protestas masivas en todo el mundo para denunciar las muertes de George Floyd, Breonna Taylor, Atatiana Jefferson, Tony McDade, Rayshard Brooks y otras personas Negras muertas a manos de la policía en los Estados Unidos de América (EE.UU.).
En este contexto, hemos acogido con beneplácito el debate urgente mantenido a finales de junio en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a fin de responder a esta crisis de racismo sistémico y a la violencia policial. Varios Estados miembros y la sociedad civil han realizado importantes contribuciones a dicho debate en lo relativo a las raíces del racismo contra las personas negras en los EE.UU., principalmente el colonialismo, la esclavitud y el apartheid. Es alentadora esta histórica adopción de una resolución por parte de las Naciones Unidas condenando el uso excesivo de la fuerza y otras violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas del orden contra personas africanas o afrodescendientes, así como el análisis encomendado por las Naciones Unidas sobre la cuestión.
Aplaudimos, además, el liderazgo basado en principios mostrado por los Estados miembros del grupo de países africanos del Comité de Derechos Humanos, que iniciaron el debate haciéndose eco de las protestas en todo el mundo en apoyo del Movimiento por las Vidas Negras y los importantes llamamientos realizados por la familia de George Floyd y más de 600 organizaciones de la sociedad civil, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas, la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de racismo y numerosos mandatos de las Naciones Unidas.
Sin embargo, este debate demostró el omnipresente malestar de las fuerzas policiales en la lucha mundial contra el racismo hacia las personas negras y el sistema que lo perpetua. Los Estados Unidos, que han boicoteando los llamamientos periódicos del Comité de Derechos Humanos contra las violaciones de los derechos de la población palestina por parte de las autoridades israelíes, cuestionaron la necesidad de llevar a cabo una investigación. Una amplia mayoría de Estados occidentales y latinoamericanos se manifestaron en contra de citar a EE.UU. como responsable de violaciones sistemáticas, con excusas vagas en lugar de nombrar a los responsables individuales para que rindan cuentas, ya fuera por presiones del Gobierno estadounidense o porque les preocupe la posibilidad de convertirse en el próximo objetivo de dicha iniciativa. Lamentamos que el borrador inicial de resolución –que preveía la creación de una comisión internacional de investigación– se terminará suavizando sustancialmente debido a la enorme presión recibida.
Nos solidarizamos con el Movimiento por las Vidas Negras de los Estados Unidos y estamos consternados al ver que protesta popular en defensa de la vida de las personas negras y contra la violencia policial se ha encontrado con la represión militar de manifestaciones pacíficas, ataques contra periodistas y la designación de las personas manifestantes como terroristas nacionales.
La respuesta del Gobierno, que es en sí misma un reflejo del racismo antinegro y de la impunidad de las fuerzas del orden, es precisamente el motivo por el que tantas personas se están lanzando a las calles incluyo en el contexto de una pandemia. También nos preocupan en gran medida los actos de creciente violencia racista en los Estados Unidos, como muestra el posible linchamiento reciente de seis personas negras. Los actores políticos estadounidenses deben poner fin de inmediato a la retórica política racista, que niega la experiencia de las personas negras y afrodescendientes en el país, y deben condenar los actos racistas con la mayor firmeza.
Junto con todos los Estados miembros de las Naciones Unidas, los Estados Unidos deben actuar enérgicamente para garantizar la realización de los principios de los derechos humanos de verdad, justicia y no discriminación, incluso a través de una revisión profunda de sus prioridades y de la redistribución de recursos públicos y reparaciones a las personas afrodescendientes, en cumplimiento de los Principios y directrices básicos de las Naciones Unidas sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones, de 2005.
En respuesta a la complacencia institucional generalizada y para luchar contra este racismo profundamente arraigado, la FIDH propone las recomendaciones siguientes:
A la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y a las personas titulares de los mandatos especiales pertinentes, que:

A las autoridades de los EE.UU., que:

Al resto de Estados, entre otros, los Estados occidentales y latinoamericanos, que: